Una cuna desvencijada y una enorme cama de roble. Esos fueron su primer y su último lecho. Apenas si había un trapo sucio y viejo debajo de él el día de su nacimiento, pero ahí donde ahora estaba acostado las sábanas de seda eran infaltables. No hacía falta mucho más en ninguna de las dos ocasiones, porque ambos días ocurrieron en verano. En su cabeza se sucedían momentos y recuerdos, pero llegó a la conclusión de que, en este momento cúlmine, el único otro acontecimiento que se igualaba en importancia era el de su nacimiento. No era que recordara su nacimiento, pero se lo habían relatado tantas veces que pensaba que podía recordarlo. Sus contextos resultaban tan distintos que permanentemente le recordaban de dónde había salido, cómo había nacido, cómo se había criado y cómo un golpe de suerte lo había cambiado todo para siempre. Entonces pensó en esa casa de barro con una habitación que no se terminaba de diferenciar de la cocina. Esa casa que entraba varias veces en esta nueva casa d...
¿Hay definición más trillada de la comedia que una caída? Un tropezón, un paso mal dado, algo en el piso que hace resbalar. Es risa fácil. A menos que la caída sea preocupante. Bueno, quizás haya risa y después preocupación. Creo que eso pasó alrededor mío cuando me caí. Bueno, me caí un montón de veces, pero esa fue LA caída. Entre adolescentes ver que alguien cae en una clase de educación física debe ser como un premio impensado, distiende. El problema es cuando se ve que la persona que cae rebota con la cara contra el playón de hormigón. Yo había empezado a usar los lentes de contacto pocos días antes y con los lentes de contacto las distancias se miden diferente respecto a los lentes aéreos, así que cuando puse las manos para amortiguar la caída ya estaba contra el piso y sólo sirvió para rasparmelas. Si nunca usaron ambos tipos de lentes, no saben de lo que hablo así que no hay chance de desacreditarlo. No sé si demoré en levantarme, no tengo ese recuerdo, pero sí sé que había gen...
Siempre me llegó eso de que el límite entre el mundo material y el mundo inmaterial se difumina en la medida que se acerca la noche de todos los muertos. Películas y libros sobran. Nunca lo creí porque, básicamente, nunca creí en el mundo de lo inmaterial. El asunto es que cuando llegué a esta casa comencé a creer porque, ¿qué mejor forma de creer que siendo testigo de las cosas? No presté atención cuando me advirtieron sobre la casa porque lo único que me interesaba en aquel momento era el precio. Una casa de este tamaño, en esta ubicación, tan bien mantenida estaba muy barata. Y cuando pregunté cuál era el truco, dónde estaban las fallas, me dijeron que no había fallas, que no hacía falta invertir dinero en la casa porque la casa estaba en condiciones. El problema era otro. Tenía varios nombres: la casa embrujada, la casa maldita, la casa asesina. Después de mi experiencia acá, yo diría que es, más bien, una casa torturadora. Los otros nombres no son lo suficientemente gráficos para ...
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