Siempre me llegó eso de que el límite entre el mundo material y el mundo inmaterial se difumina en la medida que se acerca la noche de todos los muertos. Películas y libros sobran. Nunca lo creí porque, básicamente, nunca creí en el mundo de lo inmaterial. El asunto es que cuando llegué a esta casa comencé a creer porque, ¿qué mejor forma de creer que siendo testigo de las cosas? No presté atención cuando me advirtieron sobre la casa porque lo único que me interesaba en aquel momento era el precio. Una casa de este tamaño, en esta ubicación, tan bien mantenida estaba muy barata. Y cuando pregunté cuál era el truco, dónde estaban las fallas, me dijeron que no había fallas, que no hacía falta invertir dinero en la casa porque la casa estaba en condiciones. El problema era otro. Tenía varios nombres: la casa embrujada, la casa maldita, la casa asesina. Después de mi experiencia acá, yo diría que es, más bien, una casa torturadora. Los otros nombres no son lo suficientemente gráficos para ...
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